El pasado martes 16 de diciembre se emitía el espacial navideño de Black Mirror con el subtítulo White Christmas emitido para la cadena británica Channel 4 y que llegará a España el 29 de diciembre en TNT, un craso error ya que este especial es para emitirse el mismo 24 o 25 de diciembre en lugar de hacerlo después, pero bueno.
La última emisión de Black Mirror fue el 25 de febrero de 2013 con The Waldo Moment perdiendo
esa frescura que tenía su primera temporada sorprendiendo a los
espectadores manteniendo, eso sí, los temas críticos de la sociedad
actual como las redes sociales, los realitys shows y la política. En
este especial navideño, el reparto ponía la guinda sobre el pastel con Jon Hamm, Oona Chaplin, Rafe Spall y la presencia de Natalia Tena, unos interpretes donde no había margen de error, pero, ¿un buen reparto puede llevar todo el peso de este especial?
Black Mirror
se caracterizaba por tres episodios diferentes de diversos temas con
diferentes tramas y actores, en White Christmas no es así, aquí son tres
historias contadas entre Jon Hamm y Rafe Spall
que presentan una continuidad particular, todo en uno se podría decir.
En estas historias ambientadas en navidad, vemos como ha evolucionado la
tecnología, no nos encontramos en un mundo actual, sino en uno más
avanzado donde la vida se ha convertido en una red social que podemos
hacer de todo. Llamar, grabar, anotar nuestras notas, bloquear a las
personas……. todo lo que podemos hacer en twitter y facebook se pone
también en práctica de la vida cotidiana intendo acosar a la persona que
más queremos para cumplir nuestros sueños que al final nos hace
desmoronarnos.
Esta sería la parte principal de White Christmas,
un especial de una hora y 15 minutos que sabe a poco, donde la novedad
de las dos primeras temporadas se ha perdido sin ver ninguna otra. Un
inicio prometedor que a los 20 minutos se pierde volviéndose en algo
plano, continuo, sin chispa, un especial puesto con el piloto automático
haciendo que te quedes indiferente con lo que has visto. Algo que podia
haber dado más de sí con una duración de 2 horas para hacerlo más
redondo sin tener que hacer historias rápidas como la de Oona Chaplin que se esfuma en cuestión de segundos.
En fin, una vuelta deseada que ha acabado convirtiéndose en decepcionante
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